28/9/09

¿Por qué a los optimistas nos llaman ingenuos?

En 1990, Julia Roberts en Pretty Woman susurraba en brazos de Richard Gere: “lo malo siempre es más fácil de creer”, y es lo que a menudo sucede fuera de la ficción, pues todavía son muchos los que insisten en ver el vaso medio vacío, tengan motivos o no para ello.

La vida no es fácil, todos padeceremos enfermedades, desencantos, malas rachas, sufrimiento, fallecimientos de seres queridos… ¡incluso nuestra propia muerte! Definitivamente es duro, se trata de un hecho innegable: la vida no es un lecho de rosas. No podemos estar alegres en todo momento (sería psicológicamente anormal), pero sí podemos intentar ser positivos como actitud general ante la vida. Pensar que las cosas van a ir mal aniquila la posibilidad de hallar soluciones y desvanece toda esperanza. Y aunque no debemos ser necios y cerrar los ojos ante la adversidad, el ser humano es capaz de razonar, valorar, sopesar y buscar nuevos caminos y alternativas para encarar los problemas. Winston Churchill lo tenía bien claro: “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”.

Para muchos, mostrar una visión negativa es ser realista, sin embargo, quienes intentan colorear la vida, son idealistas e ilusos… Craso error, la palabra acertada en este caso no es iluso sino ¡optimista!

Según encuestas realizadas recientemente por la Universidad de Kansas y el Instituto Gallup, España se posiciona como el 5º país más optimista del mundo. Los españoles somos capaces de apreciar los factores positivos de nuestro entorno y aprovecharlos para tratar de ser felices. Y es que la felicidad no depende sólo de los hechos que acontecen en nuestra vida, sino en gran medida, de la percepción que tenemos de los mismos: “La vida es un 10% lo que haces…y un 90% cómo te lo tomas”.

Si pensar que las cosas son susceptibles de mejorar significa ser ingenuo y no optimista… ¡que viva la ingenuidad!