12/7/10

Balenciaga

Hasta el próximo 26 de septiembre, el Museo de Bellas Artes de Bilbao nos ofrece la oportunidad de acercarnos a la figura del diseñador de moda español más conocido del siglo XX: Cristóbal Balenciaga.
El modisto vasco nacido en Guetaria se acercó al mundo de la confección a través de su madre, que sacó adelante a tres hijos huérfanos de padre gracias a su trabajo como costurera. San Sebastián era a principios del siglo XX el destino de veraneo más elegante, acogía a la Familia Real, a la aristocracia española y a adinerados turistas europeos, franceses y británicos principalmente. Así se empezó a formar su gusto y su creatividad, disfrutando de la alta costura europea “a domicilio”. En 1930 ya tenía tiendas en Madrid y San Sebastián, pero con la llegada de la República tuvo que cerrar ambas y marcharse lejos, lo mismo que su selecta clientela vinculada a la monarquía depuesta. Tras un intento fallido de instalarse en Londres, París fue su destino y en 1937 abrió su tienda en el número 10 de la Avenue Georges V, logrando un éxito casi inmediato.

Su coetáneo y rival Christian Dior dijo de él: “La alta costura es como una orquesta, cuyo director es Balenciaga. Nosotros, los demás modistos, somos los músicos y seguimos las indicaciones que él nos da.” Coco Chanel, no se quedó a la zaga en sus elogios: “Solo Balenciaga es modisto en el verdadero sentido de la palabra. Solamente él es capaz de cortar tejidos, ensamblar una creación y coserla a mano. Los otros son sólo diseñadores de moda”. Si dos de los mejores de todos los tiempos dicen eso de ti, puedes estar seguro de que has llegado a lo más alto.
Efectivamente Balenciaga se involucraba íntegramente en todas las fases del diseño y confección de las prendas. Eliminó lo superfluo y convirtió la prenda en una forma escultórica pura, experimentó con cortes ingeniosos y con confecciones minimalistas. La revista Draper´s Record observó en agosto de 1950 que sus prendas eran “para quienes desean ir no sólo dos, sino tres pasos por delante (de la moda)”.
El montaje de Bilbao es sensacional en su concepto, aislando las 35 prendas mostradas mediante aros de luz de neón o dentro de cápsulas de metacrilato suspendidas, como crisálidas que esconden la belleza colorista de las alas de una mariposa.
La exposición se encuentra distribuida en las zonas de paso del museo (el hall, pasillos, rellanos de escaleras…), lo que en nuestra opinión resta importancia a la muestra, que merecería una de las salas destinadas a las exposiciones temporales del museo. El visitante que desea concentrarse en la muestra de Balenciaga, debe peregrinar por todo el edificio en busca de las piezas.
También lamentamos que el documental “Balenciaga, permanecer en lo efímero” sólo se proyecte en castellano una vez al día (18:30 martes, miércoles, jueves y domingo y 12:30 viernes y sábado). No pudimos verlo, aunque puedes comprarlo en la tienda del museo.
El catálogo de la muestra es un desplegable de 21x13 cm en papel rústico con pequeñas reproducciones en baja calidad de las prendas que se exhiben y que cuesta 6 euros. Sin embargo, sí encontramos otras ediciones relacionadas con la moda en general y con Balenciaga en particular muy interesantes por su contenido y su precio.

Desde luego, el viaje a Bilbao merece la pena por la exposición que el Museo de Bellas Artes ofrece sobre Balenciaga, por darse una vuelta por el Gugenheim, por pasear junto a la ría y la zona de las Siete Calles, por la magnífica oferta gastronómica del País Vasco…