26/7/16

Mujeres cool, por Quique Artiach: Peggy Guggenheim

Llegamos a Venecia en plena ola de calor, corría el año 2003 y quedamos abrumados por tanta belleza, hasta tal punto que, como les pasa a muchos de sus visitantes, cuando cerrábamos los ojos para descansar o dormir, seguíamos viendo en nuestras mentes imágenes del agua y de los edificios venecianos.
En nuestro segundo día en Venecia llegamos en Vaporetto a la Plaza de San Marcos, me quedé tan asombrado que no pude evitar decir en alto ¡Dios mío, pero qué coño es esto!
Algo parecido debió de pasarle a esta gran mujer que decidió instalarse allí después de haber recorrido medio mundo.



Pasamos varios días allí, diez concretamente, con lo que pudimos acercarnos al Museo Oriental, en el que había una copia de El Pensador de Rodin presidiendo las escaleras, al Palacio Ducal, donde entre tanto Tintoretto aparecieron como por arte de magia varios cuadros maravillosos de El Bosco y por fin el Museo Guggenheim de Venecia. Al principio me sorprendió un poco, ya había uno en Bilbao y otro en Nueva York, pero éste, el de Venecia, situado en el Palazzo Vernier dei Leoni, fue la  última morada de Peggy, allí albergaba su colección y es el lugar donde está enterrada junto a sus diez perros.
Peggy había perdido pronto a su padre, que murió en el naufragio del Titanic y heredó una "modesta" cifra de dos millones y medio de dólares de aquellos, cifra modesta para venir de la familia de magnates de la minería de la que procedía. En realidad el pez gordo de la familia era su tío Solomon, el creador de la fundación Guggenheim y de los museos.  Ella donó su colección a la fundación de su tío con la única condición de que estos permanecieran en Venecia.
Con estos casi tres millones de dólares sumando el dinero  que heredaría tras la muerte de su madre, Peggy se organizó la vida por su cuenta, ¿Quién no lo haría?.



Se casó con Laurence Vail y después con Max Ernst, conoció a Duchamps, a Djuna Barnes, a Isadora Duncan, a Cocteau y a Samuel Becket. Fundó varias galerías de arte, la primera en  Londres, con la que perdió dinero, a pesar de que en ella expusieron Cocteau, Picasso, Kandisnsky y muchos otros. Los ingleses no apreciaron la labor de Peggy que tuvo que cerrar su galería en la capital.
Se trasladó a Francia donde siguió coleccionando arte y comprando casi hasta el último momento de la invasión nazi y de la toma de París. Huyó justo a tiempo y ayudó a escapar del país a amigos y artistas, entre los que se encontraba su futuro marido Max Ernst.
Según ella, su mayor logro fue el descubrimiento de Jackson Pollock, ya en Nueva York. Hay una estupenda película "Pollock" protagonizada por Ed Harris en la que se cuentan esta y otras historias.



Imágenes vía Pinterest
Peggy Guggenheim fue una mujer rica con una gran personalidad que no dudó en salir de su entorno, correr riesgos y dedicarse ella misma a lo que le apasionaba, el arte y a los artistas. Ejerció como galerista, mecenas, y como descubridora de talentos que cambiaron la historia de la pintura, en una época en la que las mujeres, sobre todo las de su clase social, se quedaban en sus mansiones y dedicaban sus vidas a ir al teatro, a bailes, a tomar el té, a traer hijos al mundo y a contemplar resignadas las idas y venidas de sus maridos.
Ella misma dijo "Fui una mujer liberada antes de que hubiera un nombre para eso". Por supuesto su dinero le ayudó, pero por algún lugar había que empezar.

Aquella tarde en Venecia cuando salimos de su Palacio museo, en la entrada había a la venta libros sobre ella y también un libro de memorias, una autobiografía, para mi gran sorpresa estaba en español,  así que la compré y de vez en cuando  hecho un vistazo, al libro, a sus colección de cuadros  y a su gran vida.