9/8/16

Mujeres cool, por Quique Artiach: Patricia Highsmith

Andaba yo por aquella época vendiendo todos mis libros en una cesta que había colocado en el suelo, dentro de la tienda de juguetes que tuve con mi mujer. La casa estaba ya atestada y yo no soy muy "de releer". Opino que si un libro es bueno y se convierte en un clásico siempre lo podrás encontrar en una librería o biblioteca y si es un libro ligero, un libro de misterio, un best seller de los que se leen con gusto para relajarse pues, si ya conoces la trama, ya lo has leído y si sabes el final ya no tiene tanto interés.
Aquella cesta de libros funcionaba como un tiro, buenos libros a dos euros y tres a cinco. Utilizaba aquel dinero obtenido durante la semana para pagar el mayor de mis vicios: ¡los libros! y el domingo por la mañana, invertía mi escaso tiempo como buen  autónomo que era, en ir a las tiendas de libros de segunda mano para comprar libros, también  a dos o tres euros, con los que saciar mi oscuro deseo de lectura y de llenar de nuevo la cesta.
Qué maravilla, esta fue una de las épocas de mi vida en las que más clásicos leí y más novelas negras. Cuando la semana de venta de mi cesta iba bien, me daba el gustazo de ir a las librerías normales a adquirir buenas ediciones de libros que me rondaban por la cabeza.
Aparecieron por la tienda curiosos personajes con los que además entablé relaciones de amistad y que me aportaron mucho. El que más recuerdo es un señor mayor que tenía una joyería por la zona y con el que mantenía, cuando no había clientes, interesantísimas conversaciones de todo tipo. Hace tiempo que como es lógico ya no lo veo y al cerrar la tienda perdimos el contacto, aunque muchas veces me acuerdo de él, tan elegante en todo, en el vestir y en el trato, con mucho afecto.
Siempre nos tratábamos de usted, lo que en sí mismo ya era un placer. Siempre he pensado que este cambio de registro agudiza el ingenio, te hace hablar de otra manera y además se pueden decir, de formas mucho más refinadas, cosas más íntimas puesto que el respeto ya se presupone en el "voseo".
 Un día me dijo
- ¿Ha leído a Patricia Highsmith?.
- Pues no, le dije yo, No me interesa mucho la novela negra, la verdad.
- De esta señora yo creo que se puede leer, casi todo, sugirió haciendo una pausa.
Al ver que entraban clientes  se despidió  muy discretamente y yo me quedé con la mosca detrás de la oreja. Por supuesto, el domingo siguiente encontré muchas de sus obras en las tiendas y en los puestos callejeros de segunda mano y me leí unas cuantas con gran voracidad. Al mismo ritmo que las leía el señor me las compraba para releerlas, aquella temporada formamos un equipo de lectores estupendo, yo leía, él me financiaba la lectura y después la suya propia y por si fuera poco podíamos charlar sobre aquellas estupendas novelas.
Cuando creía que había leído casi todas las publicadas en español, encontré una sobre una relación lésbica que en su origen tuvo que publicar con pseudónimo. Se titulaba Carol y me hizo interesarme por la vida de esta autora..


Recientemente Carol ha sido llevada al cine como muchas de sus obras, Extraños en un tren que escribió con veinticuatro años, llevada al cine por Alfred Hitchcock con guión de  Raymond Chandler, Tira a mamá del tren protagonizada por Danni de Vito, y otras muchas. Entre ellas son famosas las versiones protagonizadas por Matt Damon, las de la denominada Serie Rippley y también El Amigo americano, estupenda adaptación de Wim Wenders del personaje de Ripley.
Patricia Highsmith fue una mujer fascinante, escritora de gran talento, alcohólica, tuvo que hacer frente a una infancia emocionalmente demoledora. Sus padres se separaron antes de que ella naciera, no conoció a su padre hasta los doce años y de su madre decía que intentó abortar de ella ingiriendo aguarrás.
Profundamente introvertida, detrás de esa coraza de misoginia y de misantropía, había una persona inteligente de gran sensibilidad, tanta que apenas soportaba el mundo.


Como tantos otros escritores, prefería los gatos ¡y sus caracoles! a la compañía humana. Llevó su vida privada lo más discretamente posible, pero debido a su bien ganada fama y a su ostracismo, fue acusada de antiamericana, de comunista y tuvo que soportar que su orientación sexual se aireara en la prensa, en los años cuarenta.
Resistió con entereza los ataques y fue capaz, ella sola, con su sola imaginación, audacia y trabajo incansable, de crear un mundo propio para poder vivir en él y otro, lleno de misterio para el resto de la humanidad.
Si este verano no se os ocurre qué leer, sus novelas no os defraudarán y tampoco las adaptaciones de sus obras a la gran o a la pequeña pantalla.
Aquí os dejo el enlace a la Wikipedia donde podéis encontrar un listado de las novelas y de las películas.