20/9/16

Mujeres cool, por Quique Artiach: Murasaki Shikibu

Estaba yo por aquel entonces pasando por una pequeña depresión y necesitaba leer a todas horas, era lo único que e sacaba del mundo. Tras preguntar a algunas personas, un tío mío me recomendó La Novela de Genji. "La tienes en la Biblioteca de Aragón", me dijo.

Allí me dirigí a la mañana siguiente y en cuanto tuve entre las manos aquel libro supe de alguna forma que me había topado con algo magnífico, sólo había que ver la portada.




Se me olvidaba decir que en realidad tenía dos portadas porque tenía dos partes. En las contraportadas y en otros lugares pude leer que aquella novela, la primera de la historia,  había sido escrita por una mujer japonesa que había vivido a mediados del siglo X y principios del XI, (Periodo Heian), una noble de rango medio emparentada con la familia Fujiwara, la más poderosa de Japón. Los dos tomos tenían dos mil cuatrocientas páginas, justo lo que yo necesitaba, algo a lo que si me enganchaba sería absolutamente absorbente. 

Creí que me duraría por lo menos todas las vacaciones, pero me la ventilé en unas pocas semanas, en las que estuve perdido en un mundo de una delicadeza y de una sensibilidad asombrosas, con  personajes complejos en una corte fastuosa llena de exotismo y belleza.

Mientras iba pasando las páginas pensaba "así que mientras aquí andábamos escribiendo cantares de gesta como el Cantar del Mío Cid, poesía épica llena de mandobles y samugazos, en Japón una mujer escribía una novela de amor que estaba a la altura del Quijote, de Hamlet, de Guerra y Paz, pero en el siglo X y además mucho más extensa y mucho más entretenida".

Por lo visto, en las cortes China y en la Japonesa (que copió todo de la china), las mujeres nobles tenían pocas ocupaciones, entre las que se encontraban artes como la música, la caligrafía y escribir cartas y notas a sus familiares, maridos y amantes en lujosos papeles de diferentes materiales y variados colores. Era así como a Murasaki Shikibu tuvo la oportunidad de escribir retratando además su época.

También supe que en la corte china, ya en el siglo X,  había, y no es broma, un "Ministerio de poesía" encargado de recopilar la ingente cantidad de poemas, que se producían en parte,  gracias a los concursos que los emperadores, que a menudo participaban en ellos, convocaban.



Por desgracia, en castellano sólo encontré dos antologías y un libro de Wang Wei que me encantaron, pues era una poesía mucho más sencilla y emocional que la nuestra y estaba llena de sabiduría. Me entristeció y me entristece que para nosotros,  los hispano-hablantes de a pie todo aquel “Ministerio de poesía”  cupiera en tres o cuatro libros que a su vez cabían en una bolsa pequeña.

Pero volviendo a nuestra mujer de hoy,  fue una persona increíble que dio al mundo una obra soberbia y a la que en Occidente poco a poco se va conociendo. Borges dijo de su libro que era una obra maestra de la literatura universal.

Yo, sigo dándole las gracias a Murasaki Shikibu por haberme sacado del infierno en aquellos días de verano, dejando escritos aquellos dos tomos para mí, hace casi mil años en la otra parte del mundo.