25/10/16

Mujeres cool, por Quique Artiach: Frida Kahlo

En realidad se llamaba Magdalena, Carmen, Frida Kalho. Su padre un inmigrante alemán, quiso ponerle sólo Frida que en su idioma, Friede, significa paz. Esto en sí mismo es un poco contradictorio pues desde el principio fue una niña de energía inagotable, viva, traviesa, inteligente y como no, rebelde.
Antes de que ni siquiera se le ocurriera coger un pincel ya era una mujer increíble. Primero, siendo niña sufrió la poliomelitis, lo que le dejó una pierna atrofiada y casi inútil y como casi cualquier niño diferente a los demás, de cualquier época y de cualquier lugar,  tuvo que sufrir las espantosas burlas de sus compañeros.

Su padre, fotógrafo, le enseño los rudimentos de la fotografía para la que no tenía paciencia e insistió en que estudiara, así que con el apoyo paterno, no tanto con el materno, pues su madre era mucho más tradicional y casi analfabeta,  tras la enseñanza básica, aprobó el examen para entrar en la escuela preparatoria nacional (la antesala a la Universidad), todo un éxito para ella, teniendo en cuenta además las pocas chicas que estudiaban por aquél entonces. Allí encontró su mundo, un ambiente estudiantil efervescente; tras la revolución mexicana, la cultura, los ideales y  el arte estaban en su máximo impulso.

Frida decía que nunca tuvo que buscarse a sí  misma, cuando llegó el momento los ideales le fueron dados, entró a la escuela en el momento justo en el que un joven necesita unos ideales y como por arte de magia estaban ya allí, ni siquiera tuvo que buscarlos, fue una suerte de simbiosis perfecta. Allí, en la escuela, fue donde vio por primera vez al que sería años después su marido, Diego Rivera, mucho mayor que ella.

Diego pintaba un mural para su escuela. Aquella chiquilla le embadurnaba las escaleras del andamio con grasa para que cayera al subir, aunque el gran peso del pintor lo impedía, le robaba el almuerzo y sobre todo le observaba pintar con una atención implacable.
Tuvo también su primer amor, un chico llamado Alejandro.

Imagen desde MatadorNetwork

Frida combinó sus estudios con trabajos en una carpintería y después en una biblioteca, se empapó de los olores de la calle, de las plazas, pero todo aquello, el encontrar un grupo de amigos que le aceptara con su pierna y que tal como era le querían, el entrar por fin el torrente de la vida, el tener sus primer novio, aquel soplo de aire fresco, no duró mucho,  con diecisiete años, en la flor de la vida  llegó su fatídico accidente de tráfico.
Un camión de los que por aquella época se utilizaban en México como transporte urbano quedó atrapado en las vías del tren. Ella, su novio y  todos los demás pasajeros fueron arrollados por él. Algunas personas murieron, Alejandro resultó magullado y hospitalizado y el primer balance de daños para Frida, según su primer diagnóstico médico fue:

“Fractura de la tercera y cuarta vértebras lumbares , tres fracturas de la pelvis, once fracturas en el pie derecho, luxación del codo izquierdo, herida profunda del abdomen, producida por una barra de hierro que entró por la cadera izquierda y salió por el sexo, desgarrando el labio izquierdo. Peritonitis aguda. Cistitis que requiere una sonda durante muchos días.”

Se le prescribió que llevara un corsé de yeso durante nueve meses y reposo total durante al menos dos meses. Este corsé fue el primero de tantos y tantos que a lo largo de su vida oprimieron su cuerpo y su alma.

Imagen desde MatadorNetwork

Lo que fue increíble, casi un milagro, es que una persona con estos daños pudiera simplemente sobrevivir. Las secuelas de todo aquello le persiguieron durante toda su vida pero en tan sólo un año, lleno de pesadillas, de terribles dolores, de inmovilidad casi absoluta y  de abandonos -poco a poco su novio y sus amigos de la escuela fueron dejando de visitarla- volvió a caminar, a recorrer la plaza del Zócalo a redescubrir una vida que volvía, aunque ya nunca sería la misma. Tampoco era ella la misma, ya no necesitaba a nadie o a casi nadie, se había vuelto fuerte.
Todavía faltaba mucho sufrimiento por llegar pero muy poco para que comenzara a ser la gran artista que llegó a ser.

Shalma Hayek interpretando a Frida Kahlo en la película Frida 
Imagen desde de10.mx

Todo vino sobrehilado: una grave recaída, justo un año después  del accidente, volvió a dejarla inmovilizada. Ella decía que no le dolía nada concreto y a la vez todo, la espalda y también el corazón, no había nada que no le doliera, realmente no se podía mover,  pero esto no fue lo peor. Un domingo, su padre, su madre, su tío y sus hermanas, todos ellos repletos de maderas y de herramientas, guiados por su madre y seguramente en un acto de buena intención, transformaron su cama en un mueble con baldaquino y en lo alto de la cama, en el techo, justo de la madera que se situaba sobre su cuerpo colocaron ¡un espejo! ¿Alguien puede imaginar semejante tortura? Nadie sabe a ciencia cierta el porqué, pero todo indica que llevados por Dios. Quién sabe qué idea  psicoanalítica les llevó a pensar que su mal se había “psicosomatizado” al llegar el aniversario del accidente, apoyada por la conjetura de que no tenía realmente nada físico, puesto que los médicos no se ponían de acuerdo, hicieron que esta pobre mujer tuviera  que aguantar el suplicio de no poder olvidar su maltrecho cuerpo ni un segundo de su ya atormentada e inmóvil vida.
Por suerte de ese techo situado sobre su cama también fue posible colgar un pequeño tablero para que Frida pudiera pintar.



Durante casi todo el año de 1927 los médicos le prometen que va a mejorar aunque Frida no tiene muchas esperanzas. La proeza se produjo de nuevo, en noviembre ya estaba caminando y buscando trabajo aunque lo que encontró fue a Diego Rivera al que conoció en una velada del partido comunista.  Volvió a visitarlo en uno de los murales en los que volvía a trabajar. le llevó su trabajo y le invitó el siguiente domingo a su casa para que viera el resto de su producción.
Lo que viene después ya es más sabido, se casaron y ante las infidelidades de Diego y sobre todo por los celos de Diego ante las infidelidades de Frida, se separaron.
Ambos tuvieron un éxito mundial, conocieron a lo más florido de la cultura de su tiempo, acogieron a Trotski en su casa cuando tuvo que huir al exilio y Frida tuvo una aventura con él.
Diego siempre prefirió que Frida anduviese con mujeres (el orgullo del macho herido) y Frida cultivó relaciones amorosas con ambos sexos.
Peggy Guggenheim expuso la obra de Frida en su galería de Nueva York y Diego se puso celoso al ver como, al parecer Frida miraba a Georgia O’Keefe.


Imagen desde Azramag

Hay dos anécdotas que me parecen realmente interesantes.

La primera es que Frida y Diego nunca dejaron de quererse, de hecho volvieron a casarse de nuevo. Ella impuso varias normas, una de las cuales es que entre ellos no tendrían relaciones sexuales. Pensaba que esa era la única forma de no verse afectada por sus aventuras con otras mujeres, de las cuales por cierto Frida acababa normalmente siendo amiga.

La segunda anécdota a la que quería referirme es que estando ya muy grave,  las puertas de la muerte, le ofrecieron realizar una exposición y ella aceptó. El día de la inauguración nadie sabía si iba a acudir, corrían todo tipo de rumores. Frida acudió en ambulancia, había hecho que trasladaran días antes su cama a la galería y allí estuvo saludando a alumnos y amigos hasta que se lo permitieron sus fuerzas. Murió poco después de una embolia pulmonar. Tenía cuarenta y siete años.