18/10/16

Mujeres cool, por Quique Artiach: Jacqueline Du Pré

Mi padre, gran aficionado a la música clásica, quiso transmitirme esta pasión y por eso uno de los primeros regalos que me hizo, o que yo recuerdo, fue un disco en el que estaban “La sinfonía de los juguetes” y “La sorpresa” de Haydn. Me encantaba porque era un álbum con varias páginas ilustradas con unos dibujos estupendos para niños en los que aparecían unos músicos muy divertidos y fue con este vinilo, que aún veo alguna vez por casa de mis padres, con el que aprendí, casi antes que cualquier cosa, los nombres de los instrumentos.

-        -  ¿Y esteeee?, decía mi padre.
-        - ¡El violín!, contestaba yo.

Y así recorríamos muchas tardes la orquesta que para esta sinfonía de los juguetes contaba además con carracas, cucos y muchos otros objetos con los que Haydn había aderezado esta pequeña maravilla. Me aficioné tanto que a los tres o cuatro años me levantaba por la mañana y sin decir nada a nadie me dirigía al mueble donde estaba el tocadiscos y sin tener en cuenta la hora o si era lunes, sábado o domingo  ponía el aparato en marcha.

-       -  Eras bastante cuidadoso, no rayabas los discos ni nada, pero claro nos despertabas y yo le decía a tu madre “vaya, ya se ha despertado este”.

Un buen día, siendo ya más mayor, tendría seis o siete años, descubrí un disco que tenía un concierto de violonchelo también de Haydn. En la portada salía una chica con el violonchelo y el pelo largo  y también un señor. ¡Qué guapa! Pensé  yo para mis adentros.

-        -  Jacqueline Du Pré, le dije en perfecto castellano a mi padre.
-        - Y este es Daniel Barenboim, que toca el piano y es su marido ¿sabes? Están casados.

-     "¡Vaya!", pensé mientras todavía con la portada en la mano miraba hacia arriba a mi padre con los ojos como platos intentando encajar el golpe. Luego pusimos el disco que me gustó mucho y que escuché muchas veces.


Luego alguien en algún momento me dijo que la violonchelista había muerto de cáncer, la verdad es que me entristecí bastante y que pasé muchos años creyendo esta versión. Años después alguien, de nuevo muy mal informado, me dijo que estaba viva y me alegré un montón y sentí rabia puesto que llevaba años pensando que había fallecido.

El otro día mientras rebuscaba en la biblioteca un disco de música clásica encontré una copia de un concierto en el que ella tocaba, me lo llevé, lo puse en casa y volví a disfrutar como un enano. Pensé que era desde luego una mujer cool y comencé a investigar. Me esperaban nuevas y desagradables sorpresas.

Jacqueline tuvo una vida tan intensa como corta. Estudió con Pablo Casals y con Rostropovich y a los veinte años, tras grabar el concierto para Chelo de Elgar bajo la dirección de Barbirolli, se convirtió en una estrella. Grabó también con Leonard Bernstein y con Osawa.

Se casó con el pianista y director Daniel Barenboim en el año 1967 pero se tuvo que retirar en 1973 debido a la esclerosis múltiple , enfermedad de la que falleció catorce años después, con sólo cuarenta y dos años, siendo considerada una de las mejores violonchelistas del siglo XX.

Sus hermanos a su muerte publicaron un libro, Un genio en la familia, en el que al parecer la pobre no salía bien parada. Este libro inspiró una película Hilary y Jackie dirigida por Anand Tuckery protagonizada por Emily Watson y Rachel Griffiths.

Todavía no he tenido el gusto de poder leer el libro ni de ver la película, pero me pareció realmente rastrero escribir un libro, sacando a la luz  aspectos tan personales como su vida sexual,  para atacar a un familiar que ya no está para defenderse.

Jacqueline tuvo que reinventarse cuando dejó los escenarios, no sabía hacer prácticamente nada más pero se puso a dar clases y luchó hasta el final con valor contra esta terrible enfermedad.

En vida eclipsó a su marido, ella era la estrella y él un pianista más, hoy día casi nadie que no sea aficionado a la música clásica la conoce y esto es una gran injusticia. Me pregunto si hubiera ocurrido lo mismo si el enfermo hubiera sido Barenboim.



Recibió numerosos reconocimientos y premios, entre ellos, la condecoración de “Oficial del Imperio Británico “ en  1976. Fue nombrada doctora honoris causa por varias universidades. Su marido, que estuvo con ella en el momento de su muerte declaró a La Vanguardia que sólo la música le ayudó a superar la muerte de Jacqueline. Su chelo, el estradivarius Davidov 1712 fue comprado por un millón de libras por la fundación Loui Vuitton y cedido a la violonchelista Yo-Yo Ma.

Yo  pienso en todo el daño que se le hizo tras su fallecimiento, en la tremenda controversia que se originó y creo que esta es la causa de que me llegaran todos esos rumores. No sé, ni quiero saber los detalles de su vida privada. Seguiré buscando sus magníficas grabaciones y disfrutando de ellas, en mi mente, cuando las escuche, ella seguirá tan hermosa, tan vibrante y tan emocionante como cuando tocaba, cuando estaba viva.