31/5/17

Mujeres cool, por Quique Artiach: Nina Simone

Nina Simone es una de las voces más particulares del jazz y de la música del último siglo; pero es mucho más.

Nacida, como  Eunice Kathleen Waymon en un mundo en el que la segregación racial era la norma, pronto destacó por un gran talento musical. Comenzó a tocar el piano a los cuatro años y, gracias a una de sus maestras, pudo ir a Juliard a estudiar música clásica. El sueño de Nina, siempre fue ser la primera concertista de piano negra de América.

La pobreza iba a marcar el curso de su carrera: para ayudar económicamente a sus padres y para poder proseguir con sus estudios, comenzó a tocar en clubes nocturnos, en los que acababa su jornada al amanecer. Fue entonces cuando se cambió el nombre para que su familia no se enterase de lo que hacía.

A partir de ese momento su ascensión en el mundo de la música fue meteórico. Con su presencia escénica, con su voz, su talento, su energía y sus grandes conocimientos como músico, esto era algo casi  inevitable.


Poco después de los primeros éxitos de su carrera, conoció al que sería su marido, el policía Andrew Stroud. Este hombre marcaría por completo su vida. Al principio Andrew se deshizo en cuidados hacia ella, dejó su trabajo y se dedicó a ejercer de manager para ella. Profesionalmente, a Nina, de natural confiada, le vino bien tener a un tipo rudo de representante, pero más tarde acabaría agotada por el trabajo.

Durante su infancia había estado aislada del mundo a causa de sus estudios de piano, en su juventud por un trabajo nocturno en el que la vida social era imposible y después, en la vida adulta, estuvo atada a unas exigencias profesionales promovidas por su marido que apenas le dejaron respirar.

En  los años 60 se unió a la lucha por las libertades civiles, con su presencia a la cabeza de las marchas por la igualdad racial y también en sus letras y en sus conciertos, lo que le pasó factura: no era cómodo contratar a alguien tan comprometido políticamente.

Conoció y fue amiga de Malcom X, Sidney Poitier, Harry Belafonte, Betty Sabazz, Miriam Makeba y de toda la intelectualidad de su época.




Poco a poco su carácter  comenzó a agriarse, entonces se sabía poco de las enfermedades mentales pero este era uno de los síntomas de un trastorno maníaco-depresivo y bipolar. Fue maltratada por su marido, y tras el asesinato de Martin Luther King se marchó de los Estados Unidos y residió en Barbados y en Liberia donde según decía fue feliz.

Las penurias económicas le hicieron volver y comenzar un calvario, primero en su país, luego en Europa. En París llegó a tocar en clubes tan pequeños que la gente no creía que ella fuera realmente la gran Nina Simone. Al final, recaló en Holanda, donde gracias a unos amigos fue diagnosticada y medicada, con lo que pudo retomar su carrera musical.


Nina Simone murió en  Francia mientras dormía, dejando atrás una vida de leyenda en la música, en la lucha por los derechos civiles. No llegó a ser  la primera  concertista de piano negra de América pero hizo algo mucho más importante: cambió la música misma  y también el mundo.